9.2 Consejos prácticos | La semana de un jefe de proyecto

9.2 Consejos prácticos | La semana de un jefe de proyecto

Capítulo 9 · 9.2 Volver al índice de la guía

9.2 Consejos prácticos — la semana de un jefe de proyecto, hueco por hueco

La regla que gobierna esta página entera cabe en una frase: un hueco fijo en el calendario sólo vale si se puede decir por qué está ese día y no otro. Sin esa frase no es un mecanismo, es una costumbre —y las costumbres se abandonan en la primera semana ocupada, que es exactamente la semana en la que hacían falta—. Casi todo el mundo que gestiona proyectos ha tenido alguna vez una reunión semanal que empezó siendo útil y acabó siendo un trámite, o un informe que se mandaba religiosamente hasta que un mes malo lo interrumpió y ya nadie lo echó de menos. Lo que fallaba no era la disciplina: era que nadie sabía decir para qué servía ese hueco concreto en ese día concreto. Esta página propone cinco huecos para una semana normal, y de cada uno dice la acción y la propiedad de la semana que lo justifica. Al final vienen las tres capas del calendario laboral español —que es donde más fechas se comprometen mal— y la lista de lo que no merece un hueco fijo, que importa tanto como la otra.

Si esta es la primera página que abre Esta página cierra el capítulo 9 de una guía de diez capítulos y está escrita para leerse suelta. La anterior es 9.1 Preguntas de quien empieza. Dos términos que va a necesitar enseguida: escalado es subir un asunto de nivel cuando en el suyo ya no se puede resolver, e informe de estado es la página cuya primera línea dice qué decisión hace falta esta semana. Los dos se resumen al final y se desarrollan en el Glosario. Los cinco huecos son una propuesta, no una obligación: lo único que aquí está fijado por ley es el régimen de festivos, que lleva su artículo al lado. Y las cantidades que aparecen —treinta minutos, una página— son del propio consejo, no estadísticas.

LO MÁS IMPORTANTE DE ESTA PÁGINA

  • Cada hueco tiene que llevar su frase «está aquí porque…». Si no la tiene, no es un mecanismo: es una costumbre, y la primera semana ocupada se la lleva por delante.
  • El escalado va al miércoles por la tarde y es automático. Todo lo que ha pasado de su fecha sube un nivel, sin excepción y sin que usted lo decida caso por caso. El miércoles es la última ocasión de que la respuesta llegue esta semana.
  • El informe va el jueves por la mañana, antes de comer. Una página, y la primera línea es la decisión que hace falta. El viernes por la tarde no lo lee nadie, y un informe que no se lee cuesta lo mismo que uno que sí.
  • Catorce festivos es un máximo, no un dato de planificación. Dos de ellos son locales (art. 37.2 del Estatuto de los Trabajadores), y el calendario efectivo cambia por comunidad autónoma y por municipio. En 2026 sólo siete fechas son uniformes en toda España.
  • Y lo que no merece un hueco fijo: una reunión de estado diaria, mantener usted la herramienta, y un segundo informe con otro formato para los mismos lectores. Los tres se proponen a menudo y los tres cuestan más de lo que rinden.

Por qué la frase «está aquí porque…» decide si el hueco sobrevive

Conviene entender el mecanismo antes de mirar los cinco huecos, porque de él depende que la propuesta se sostenga en marzo y no sólo en enero.

Un hueco fijo en el calendario compite todas las semanas con lo urgente, y lo urgente gana casi siempre. La única defensa que un hueco tiene es una razón que se pueda decir en voz alta en cinco segundos: por qué está ese día y no otro, y qué se pierde si se mueve. Cuando esa razón existe, mover el hueco duele y se nota. Cuando no existe, moverlo no cuesta nada, y lo que no cuesta nada moverlo acaba desapareciendo.

Es útil ver el fallo típico. «Reunión de seguimiento, los lunes a las nueve» no tiene razón: podría ser el martes, o el jueves, y nadie sabría decir qué cambia. Así que la primera semana con una urgencia real se pasa al miércoles; a la siguiente, al viernes; y a la tercera se cancela «porque esta semana no hay nada nuevo». En cambio, «el escalado es el miércoles por la tarde porque es la última ocasión de que la respuesta llegue esta semana» sí tiene razón, y mover eso al jueves tiene un coste concreto que cualquiera entiende: se pierde la semana.

De ahí sale la prueba con la que cierra esta página, y que conviene hacer antes de leer el resto: mire su calendario de la semana que viene y tache todo hueco al que no le sepa poner esa frase. Lo que quede en pie es su método real de trabajo. Lo tachado son restos de decisiones antiguas que ya nadie sostiene.

Los cinco huecos fijos de la semana de un jefe de proyecto, cada uno con la propiedad de la semana que lo justifica, más las tres capas del calendario laboral español Encabezado: cinco huecos fijos en la semana, y cada uno esta donde esta por una propiedad de la semana, no por costumbre. Debajo, una rejilla de cinco columnas —lunes, martes, miercoles, jueves y viernes— dividida en dos franjas horizontales, manana y tarde, separadas por una linea discontinua. Cada hueco es una tarjeta con su accion y, tras una linea, la razon bajo el rotulo por que ese dia. Lunes por la manana, en azul, una pregunta abre la semana: un mensaje corto preguntando que necesita una decision esta semana; por que ese dia, antes de que el trabajo corriente se lo trague todo. Martes por la manana, en verde, treinta minutos con el equipo empezando por lo que esta bloqueado y no por los informes; por que ese dia, porque quedan tres dias para resolver lo que salga ahi dentro. Jueves por la manana, en naranja, el informe antes de comer: una pagina cuya primera linea es la decision que hace falta; por que ese dia, porque el viernes por la tarde no lo lee absolutamente nadie. Miercoles por la tarde, en gris, el dia del escalado: todo lo que ha pasado de su fecha sube un nivel; por que ese dia, porque es la ultima ocasion de que la respuesta llegue esta semana. Viernes por la tarde, en gris, cerrar y reclamar: cerrar lo abierto y reclamar a los de fuera, y nada nuevo empieza; por que ese dia, porque lo que se abre el viernes duerme hasta el lunes. Bajo una linea separadora, una banda azul ancha sobre el calendario: antes de comprometer una fecha hay que mirar las tres capas del calendario espanol, porque catorce festivos es un maximo y no un dato de planificacion, dos de ellos son locales segun el articulo 37.2 del Estatuto de los Trabajadores, y el calendario efectivo cambia por comunidad autonoma y por municipio; en 2026 solo siete fechas son uniformes en toda Espana, el 1 de enero, el 3 de abril que es Viernes Santo, el 1 de mayo, el 15 de agosto, el 12 de octubre, el 8 de diciembre y el 25 de diciembre; y con dos centros de trabajo hay dos calendarios. Despues, un rotulo con lo que no merece un hueco fijo, en tres tarjetas: una reunion de estado diaria, que cuesta una hora de equipo al dia por un mensaje; mantener usted la herramienta, que le convierte en la unica fuente de error posible; y un segundo informe con otro formato para los mismos lectores, de los cuales uno de los dos sobra. Al pie, la indicacion de lectura: lea los dias de izquierda a derecha, porque mas importante que el hueco es la linea por que ese dia, y si un hueco no la tiene no es un mecanismo sino una costumbre; empiece por el jueves. Cinco huecos fijos en la semana. Cada uno está donde está por una propiedad de la semana, no por costumbre Lunes Martes Miércoles Jueves Viernes MAÑANA Una pregunta abre la semana Un mensaje corto: ¿qué necesita una decisión esta semana? POR QUÉ ESE DÍA Antes de que el trabajo corriente se lo trague todo. Treinta minutos con el equipo Empezando por lo que está bloqueado, no por los informes. POR QUÉ ESE DÍA Quedan tres días para resolver lo que salga ahí dentro. El informe, antes de comer Una página. Primera línea: la decisión que hace falta. POR QUÉ ESE DÍA El viernes por la tarde no lo lee absolutamente nadie. TARDE El día del escalado Todo lo que ha pasado de su fecha sube un nivel. POR QUÉ ESE DÍA Última ocasión de que la respuesta llegue esta semana. Cerrar y reclamar Cerrar lo abierto y reclamar a los de fuera. Nada empieza. POR QUÉ ESE DÍA Lo que se abre el viernes duerme hasta el lunes. Antes de comprometer una fecha, mire las tres capas del calendario español Catorce festivos es un máximo, no un dato de planificación: dos de ellos son locales (art. 37.2 ET), y el calendario efectivo cambia por comunidad autónoma y por municipio. En 2026 sólo siete fechas son uniformes en toda España: 1 de enero, 3 de abril (Viernes Santo), 1 de mayo, 15 de agosto, 12 de octubre, 8 de diciembre y 25 de diciembre. Con dos centros hay dos calendarios. Y lo que no merece un hueco fijo Una reunión de estado diaria Cuesta una hora de equipo al día por un mensaje. Mantener usted la herramienta Le convierte en la única fuente de error posible. Un segundo informe con otro formato Para los mismos lectores: uno de los dos sobra. Lea los días de izquierda a derecha. Más importante que el hueco es la línea «por qué ese día»: si un hueco no la tiene, no es un mecanismo, es una costumbre. Empiece por el jueves.
Los cinco huecos fijos de la semana, colocados en la mañana o en la tarde del día que les corresponde, y la propiedad de la semana que justifica cada uno. Debajo, las tres capas del calendario español y lo que no merece un hueco.

Lunes por la mañana · una pregunta abre la semana

La acción: un mensaje corto, el mismo todas las semanas, a las personas de las que depende algo: «¿qué necesita una decisión esta semana?». Cuatro líneas como mucho, sin adjuntos, sin informe. No es una petición de estado, es una petición de decisiones pendientes.

Por qué el lunes: porque es el único momento de la semana en que el trabajo corriente todavía no se lo ha tragado todo. El lunes por la mañana la gente aún está mirando la semana entera; el miércoles ya sólo mira el día. Preguntar el lunes recoge cosas que el jueves ya se habrán olvidado o habrán reventado.

Hay una segunda razón, menos obvia, y es la que hace que este hueco valga tanto por lo poco que cuesta. La pregunta obliga a la otra parte a mirar su propia lista, y ese acto de mirar produce por sí solo la mitad del efecto: mucha gente descubre al contestar que hay algo pendiente de ella desde hace diez días. No hace falta que usted lo señale.

La formulación importa más de lo que parece. «¿Cómo vas?» invita a un resumen y produce un párrafo que no sirve para nada. «¿Qué necesita una decisión esta semana?» invita a una lista y produce, a lo sumo, tres líneas accionables. Y si la respuesta es «nada», también es información: significa que esta semana usted puede trabajar sin interrupciones, y eso conviene saberlo el lunes y no el viernes.

Martes por la mañana · treinta minutos con el equipo

La acción: media hora con el equipo, empezando por lo bloqueado y no por la ronda de informes. Primero qué está atascado, quién lo desatasca y para qué día; después, si sobra tiempo, lo demás.

Por qué el martes: porque quedan tres días para resolver lo que salga ahí dentro. Un bloqueo detectado el martes todavía se puede levantar esta semana; el mismo bloqueo detectado el jueves ya se ha comido la semana entera y sólo queda escalarlo. El martes es el último día que deja margen de reacción.

Y por qué no el lunes, que sería lo intuitivo: porque el lunes por la mañana todavía nadie ha empezado a trabajar de verdad, la información es la del viernes anterior y la reunión se llena de planes en vez de problemas. El martes la semana ya ha arrancado y los atascos reales han aparecido.

El orden es lo que hace funcionar los treinta minutos. La reunión clásica —cada uno cuenta lo que ha hecho— gasta veinticinco minutos en información que ya está escrita en algún sitio y llega a lo importante cuando la gente ya está mirando el reloj. Invirtiendo el orden, lo importante ocurre con la sala entera despierta, y el resto se convierte en opcional, que es lo que siempre fue. Además, empezar por lo bloqueado cambia quién habla: en la ronda de informes hablan todos por turno; en la lista de bloqueos habla quien tiene un problema, que es más corto y más útil.

Una advertencia sobre el tamaño: treinta minutos es el techo, no el objetivo. Si un martes se acaba en doce minutos, se acaba en doce minutos. Un hueco que siempre agota su tiempo es un hueco que se está llenando solo, y eso se nota enseguida en la cara de la gente.

Miércoles por la tarde · el día del escalado

La acción: todo lo que ha pasado de su fecha sube un nivel. Sin excepción, y —esto es lo importante— sin que usted lo decida caso por caso. Se mira la lista, se ve qué ha vencido, y lo vencido se manda al nivel siguiente con una línea: qué es, desde cuándo se espera y qué decisión hace falta.

Por qué el miércoles: porque es la última ocasión de que la respuesta llegue esta semana. Un asunto que sube el miércoles por la tarde tiene el jueves y el viernes para volver; uno que sube el jueves, con suerte se contesta el lunes, y habrá costado cinco días de calendario por una decisión que se toma en dos minutos.

Lo que hace que este hueco funcione no es el día, sin embargo, sino la automatía. Merece la pena detenerse, porque es el punto más fino de toda la página. Cuando el escalado lo decide una persona, cada subida es un juicio: usted ha decidido que esto ya era grave, y por tanto que quien tenía que contestar no lo ha hecho bien. Eso convierte un trámite en un reproche, y como nadie quiere repartir reproches, la consecuencia práctica es que se escala tarde y poco, justo lo contrario de lo que hace falta.

Cuando el escalado es automático, la subida no la decide nadie: la decide la fecha. «Esto ha subido porque el martes venció el plazo» es una frase sin acusación, que se puede decir con naturalidad y que la otra parte puede recibir sin ponerse a la defensiva. Y tiene un beneficio adicional que se descubre a los dos meses: la gente empieza a contestar antes, no porque tema el escalado, sino porque sabe que existe y prefiere resolverlo abajo.

Para que esto sea posible hacen falta dos cosas de la semana anterior. La primera, que cada punto que dependa de alguien de fuera tenga una fecha comprometida, no un «cuando pueda». La segunda, que exista una escalera acordada —quién es el nivel siguiente y el siguiente— pactada cuando no había ningún conflicto abierto, que es cuando nadie la lee como una amenaza. Los tres niveles habituales y cómo se redactan están en 4.3 Plan de comunicación, y la mecánica de registrar la espera con su fecha, en 6.2 Incidencias y cambios.

Jueves por la mañana · el informe, antes de comer

La acción: una página. Primera línea, la decisión que hace falta. Después, el recuento de entregables aceptados y firmados, el punto abierto más antiguo con su fecha, y lo que ha cambiado desde la semana pasada. Nada más.

Por qué el jueves por la mañana: porque el viernes por la tarde no lo lee nadie. Ésa es toda la razón, y es suficiente. Un informe de estado que llega el viernes a las seis se abre el lunes, cuando ya ha cambiado la mitad, o no se abre nunca. Mandado el jueves antes de comer, tiene la tarde del jueves y la mañana del viernes para producir una respuesta, que es para lo que se escribe.

La primera línea es lo que separa un informe que se lee de uno que se archiva. «Hace falta que alguien ponga fecha al proveedor de nómina antes del viernes que viene» le pide algo a alguien, y por eso se lee la segunda línea. «El proyecto avanza según lo previsto» no le pide nada a nadie, y por eso no se lee nada más. Un informe sin petición es una carta de cortesía; puede estar muy bien escrita y no cambia ninguna decisión.

Sobre el contenido, dos precisiones que ahorran discusiones. El recuento de entregables aceptados —«trece de veinte»— se prefiere a cualquier porcentaje de avance porque es comprobable: detrás de cada uno hay un documento con una firma. Y el punto abierto se elige por antigüedad, no por gravedad, porque la antigüedad es un dato y la gravedad es un juicio suyo; además, el punto que acaba costando semanas casi nunca es el que parecía grave, sino el que llevaba mucho tiempo abierto sin que nadie lo mirara. El formato completo, con lo que no cabe en la página, está en 6.3 Informes de proyecto, y la diferencia entre contar entregables y estimar avance, en 6.1 Seguimiento de entregables.

Y una nota sobre por qué el informe va después del escalado y no antes. Si el miércoles ha subido lo vencido, el jueves el informe puede decir qué está arriba esperando decisión, que es información caliente. Al revés —informe el martes, escalado el jueves— el informe cuenta cosas que todavía no ha intentado resolver, y pierde la mitad de su valor.

Viernes por la tarde · cerrar y reclamar

La acción: cerrar lo que quede abierto de la semana, reclamar por escrito a los de fuera lo que esté vencido, y no empezar nada nuevo.

Por qué el viernes: porque lo que se abre el viernes duerme hasta el lunes. Cualquier asunto nuevo lanzado un viernes por la tarde pasa el fin de semana sin avanzar, con la particularidad de que además ocupa sitio en la cabeza de todo el mundo durante dos días. Lo que sí rinde en ese hueco es lo contrario: reclamar. Un recordatorio mandado el viernes por la tarde llega el lunes a primera hora, arriba del todo en el correo de quien tiene que contestar, y ha costado cinco minutos de una tarde que de todas formas no daba para trabajo de fondo.

La regla de no empezar nada tiene además un efecto sobre el equipo que conviene decir. Un jefe de proyecto que abre frentes el viernes por la tarde produce fines de semana ocupados aunque nadie trabaje: la gente se lleva el asunto a casa. El coste no aparece en ningún sitio y se paga entero.

«Cerrar» quiere decir algo concreto: dejar cada asunto de la semana en uno de tres estados —resuelto, con fecha comprometida, o escalado— y ninguno en «pendiente de mirar». Un punto sin ninguno de esos tres estados es un punto que el lunes hay que reconstruir de memoria, y reconstruir de memoria es de donde salen las esperas que nadie sabe desde cuándo duran.

Las tres capas del calendario español

Éste es el apartado donde más fechas se comprometen mal, y conviene ser exacto y no repetir el tópico.

El tópico dice «en España hay catorce festivos». Es falso como dato de planificación, y lo es por tres motivos distintos que se acumulan.

El primero: catorce es un máximo, no una cantidad. El artículo 37.2 del Estatuto de los Trabajadores establece que las fiestas laborales retribuidas y no recuperables «no podrán exceder de catorce al año, de las cuales dos serán locales». Un techo, no un número que se pueda restar del calendario.

El segundo: dos de esas catorce son locales. Las pone el municipio. Eso significa que dos de los días no laborables de su proyecto dependen de en qué pueblo esté la nave, y que dos plantas de la misma empresa a treinta kilómetros una de otra tienen días distintos.

Y el tercero: el calendario efectivo cambia por comunidad autónoma y por municipio. Sobre la base estatal, cada comunidad autónoma sustituye y añade; encima, cada municipio pone los suyos. La estructura habitual reparte las catorce entre fiestas de ámbito estatal, autonómicas y las dos locales, de modo que no existe un calendario laboral español único. Existen tantos como municipios.

La consecuencia operativa es directa: con dos centros de trabajo hay dos calendarios, y hay que mirar los dos antes de comprometer una fecha. Si su equipo de instalación sale de una provincia y la planta del cliente está en otra, las dos listas de días no laborables son distintas, y la fecha que usted comprometa tiene que aguantar las dos. Es un error barato de evitar en la semana 3 y carísimo de descubrir el día que alguien llama para decir que el lunes la planta está cerrada.

Un dato que sí se puede usar como base común, y que conviene tener a mano: en 2026 sólo siete fechas son uniformes en toda España —1 de enero, 3 de abril (Viernes Santo), 1 de mayo, 15 de agosto, 12 de octubre, 8 de diciembre y 25 de diciembre—. Todo lo demás hay que comprobarlo contra el calendario del centro de trabajo concreto. Hay además fechas que muchas comunidades mantienen pero no todas —el 6 de enero, el Jueves Santo, el 2 de noviembre, el 7 de diciembre—, y ésas son justamente las que producen las sorpresas, porque quien planifica desde una comunidad da por hecho que valen en todas.

Cómo se traduce esto a un cronograma, con las tres trampas del calendario español y la escalera que va de los días del año a los días útiles de verdad, está en 3.2 Crear el cronograma. Y si además el proyecto cae en julio o agosto, conviene mirar la disponibilidad de gente con tiempo: el artículo 38.3 del Estatuto obliga a que cada trabajador conozca sus fechas de vacaciones al menos dos meses antes de empezarlas, de modo que en marzo todavía se puede planificar y en junio ya no.

Lo que no merece un hueco fijo

Esta sección es tan importante como la anterior, porque un calendario se estropea por acumulación: cada hueco nuevo parece razonable y el conjunto acaba siendo impracticable. Los tres siguientes se proponen a menudo y los tres cuestan más de lo que rinden.

Una reunión de estado diaria. Quince minutos de pie con seis personas son hora y media de equipo cada día, es decir, una hora de equipo al día por término medio en cuanto se cuenta la interrupción que produce. Y lo que se dice ahí dentro cabe casi siempre en un mensaje. La reunión diaria tiene sentido cuando el trabajo cambia de dirección todos los días y la coordinación es intensa; en una instalación industrial con proveedores externos y esperas de días, no cambia nada entre el martes y el miércoles, así que la reunión se llena de relleno y la gente aprende que asistir no aporta.

Mantener usted la herramienta. Es la tentación clásica del jefe de proyecto ordenado: como nadie actualiza bien el tablero, lo actualizo yo el viernes. El problema no es el tiempo, es que le convierte en la única fuente de error posible. Si usted es quien mueve las tarjetas, el estado del proyecto ya no es lo que el equipo sabe: es lo que usted entendió que el equipo sabía. Y cuando algo esté mal —lo estará— no habrá forma de detectarlo, porque no queda nadie que compare. Un tablero mantenido por quien hace el trabajo, aunque esté peor cuidado, es más fiable que uno impecable mantenido por una sola persona. Qué condiciones tiene que cumplir la herramienta para que el equipo la mantenga solo está en 5.5 Herramientas de gestión de tareas.

Un segundo informe con otro formato para los mismos lectores. Ocurre casi siempre por buenas razones: alguien pidió «algo más visual», o dirección quiere un resumen distinto del que se manda al cliente. Y en cuanto hay dos informes con los mismos datos, los dos empiezan a divergir, porque uno se actualiza y el otro se rellena deprisa. A partir de ahí, cualquier discrepancia entre ambos se convierte en una conversación sobre cuál está bien. Si los lectores son los mismos, uno de los dos sobra; y si de verdad son públicos distintos, entonces no son el mismo informe con otro formato, son dos documentos con contenidos distintos y conviene decirlo así.

La prueba final

Cierre la página haciendo lo siguiente, que lleva cinco minutos: mire su calendario de la semana que viene y tache todo hueco al que no le sepa poner la frase «está aquí porque…».

No hace falta que la razón sea brillante. «Está aquí porque es el único rato en que coincidimos todos» es una razón perfectamente válida. Lo que no vale es «está aquí porque siempre ha estado», que es la respuesta que da la mitad de los huecos de cualquier calendario con dos años de antigüedad.

Y lo que quede en pie, protéjalo. Un hueco con razón se defiende solo cuando llega la semana mala: usted puede decir en voz alta qué se pierde si se mueve, y esa frase es lo único que sostiene un mecanismo frente a lo urgente. Los cinco huecos de esta página se han elegido justamente así —cada uno con su columna «por qué ese día»—, y si alguno de ellos no encaja en su caso, no lo copie: lo importante no es el día, es que exista la frase.

Cómo se ve esto en AB

Tres cosas concretas, y las tres se hacen en una tarde.

Lo primero: ponga fecha comprometida —no «cuando pueda»— a cada punto que dependa de alguien de fuera. Sin fecha no hay vencimiento, y sin vencimiento el escalado del miércoles no tiene nada que mirar. Es el campo del que depende todo lo demás de esta página.

Lo segundo: filtre por vencidos el miércoles por la tarde y mande lo que salga, tal cual. Si la lista se genera sola, la subida deja de ser un juicio suyo y pasa a ser una consecuencia de la fecha, que es exactamente lo que hace que nadie se lo tome como algo personal.

Y lo tercero: meta el calendario laboral de cada centro de trabajo antes de fijar ninguna fecha, y si hay dos centros, los dos. Es la diferencia entre comprometer una fecha que aguanta y comprometer una que se rompe con una llamada.

Términos de esta página

Escalado
Subir un asunto de nivel. Automático por fecha, no es un reproche; decidido a mano, sí lo parece. Ampliar
Informe de estado
Una página cuya primera línea dice qué decisión hace falta esta semana. Ampliar
Entregable
Una cosa concreta que alguien acepta. Se cuenta; no se estima en porcentaje. Ampliar
Avance
Lo declarado por quien ejecuta. Una impresión con formato de cifra. Ampliar
Incidencia
Algo que ya ha ocurrido y hay que resolver dentro de lo pactado. Ampliar
Dependencia
Lo que su trabajo necesita de otro. Sin fecha comprometida, no vence nunca. Ampliar
Tablero
Fiable cuando lo mantiene quien hace el trabajo, no cuando lo mantiene usted. Ampliar
Hito
Un punto con fecha que se cumple o no. El calendario del centro decide si esa fecha existe. Ampliar

Seguir leyendo

9.0 Preguntas frecuentes

Las cinco preguntas de siempre, lo que se está preguntando de verdad quien las hace, y la respuesta útil.

3.2 Crear el cronograma

Las tres trampas del calendario español y la escalera que va del año a los días útiles de verdad.

6.3 Informes de proyecto

La página del jueves, con la columna del porqué y lo que no cabe dentro.


Publicado el: 2026-04-28 Última actualización el: 2026-07-31

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