Capítulo 5 · 5.2 Volver a 5.0
5.2 Tablero Kanban — la columna donde de verdad se decide su fecha de entrega
Un diagrama de Gantt dice cuándo debería estar hecho algo. Un tablero Kanban dice otra cosa completamente distinta y mucho más incómoda: qué está esperando ahora mismo, y desde cuándo. La diferencia parece de matiz y no lo es en absoluto. En la mayoría de los proyectos de instalación, implantación u obra que se retrasan en España, el retraso no está en el trabajo: está en las esperas. Una firma que no llega, un tercero que no contesta, un trámite abierto, un alta que nadie ha hecho. Y esas esperas son invisibles en un diagrama de barras por una razón puramente geométrica: una espera no ocupa ancho. La barra se dibujó con los días de trabajo estimados, y los días parados no son trabajo, así que el dibujo los representa con nada. Esta página desarrolla un tablero de ejemplo con nueve tarjetas, de las cuales cuatro están esperando a alguien de fuera del equipo y suman 86 días de espera acumulados; después da las tres reglas que convierten una pared de post-its en un instrumento de dirección; y termina con lo que hay que hacer con esa cifra, que es lo único que cambia algo.
LO MÁS IMPORTANTE DE ESTA PÁGINA
- Un Gantt dice cuándo debería estar hecho; un tablero dice qué está esperando ahora mismo y desde cuándo. Son dos preguntas distintas y hacen falta las dos.
- En el tablero de ejemplo, cuatro tarjetas de nueve esperan a alguien de fuera del equipo y suman 86 días. Ninguna de las cuatro aparece en el diagrama de barras, porque una espera no ocupa ancho.
- Regla uno: una columna propia para «esperando a otro», separada de «en curso». Si van juntas, el tablero miente y todo parece estar avanzando.
- Regla dos: la fecha de entrada en cada tarjeta que espera. Sin ese dato no hay conversación posible, sólo memoria — y la memoria siempre pierde contra quien tiene la firma.
- Regla tres: un límite de trabajo en curso. Si caben cinco, la sexta obliga a terminar algo antes de empezar. Ése es todo el método, y sin él el tablero es decoración.
El contraste con el que hay que empezar
Conviene fijar bien la diferencia entre las dos herramientas, porque de ahí sale todo lo demás y porque en las discusiones de equipo se plantean casi siempre como alternativas cuando son complementarias.
Un diagrama de barras es una predicción. Habla del futuro: dice que el montaje va del 6 al 24 de abril y que las pruebas empiezan cuando el montaje termine. Se construye una vez, se congela como línea base y se compara periódicamente con lo que va pasando. Su unidad es la duración planificada, y su virtud es el orden.
Un tablero es una fotografía del presente. No habla de abril: habla de hoy. Dice que ahora mismo hay dos cosas en curso, cuatro paradas y una terminada, y —si está bien montado— dice desde cuándo lo están. Su unidad es el estado, y su virtud es que no se puede maquillar: una tarjeta está en una columna o está en otra, y eso lo ve todo el mundo al entrar en la sala o al abrir la pantalla.
El fallo que hace falta corregir es que la inmensa mayoría de los proyectos españoles de instalación e implantación se dirigen sólo con la primera de las dos vistas. Y como la predicción se actualiza arrastrando barras, el proyecto conserva un aspecto razonable mientras la realidad se deteriora. La pregunta «¿en qué estamos parados y desde cuándo?» no tiene ningún sitio donde vivir, así que se contesta de memoria en una reunión, y de memoria se contesta siempre por lo bajo.
El tablero siguiente es el de un proyecto de instalación industrial en curso: nueve tarjetas, cuatro columnas. Léalo entero antes de seguir, porque el resto de la página desarrolla lo que se ve en la tercera columna.
Las nueve tarjetas, y lo que enseñan
Vale la pena recorrer el ejemplo despacio, porque la distribución de las tarjetas es exactamente la que se encuentra en un proyecto real y no la que se dibuja en los manuales.
Dos tarjetas por hacer. La formación de turnos, todavía sin fecha, y las pruebas de carga, que dependen del montaje. Es una columna sana: pocas cosas, y ninguna de ellas urgente. Una columna de «por hacer» con cuarenta tarjetas no es un tablero, es un cajón, y ese problema se trata en 5.3 Lista de trabajo pendiente.
Dos tarjetas en curso. El montaje del cuadro, con tres días trabajados, y la migración de datos, con cinco. Dos cosas a la vez para un equipo pequeño es una cifra razonable; el problema empieza cuando esta columna tiene ocho tarjetas, y de eso trata la tercera regla.
Una tarjeta aceptada. La obra civil, con la conformidad firmada. Fíjese en la palabra: no «terminada», sino aceptada. La última columna de un tablero de proyecto debe significar que alguien de fuera ha dicho que sí, no que el equipo cree que ya está. Esa distinción es la definición de terminado, y sin ella la columna final se llena de trabajo que volverá.
Y cuatro tarjetas esperando a alguien de fuera, que es donde está toda la información de esta página:
La firma del proyecto técnico, esperando 18 días. Nada puede continuar sin ella y no depende del equipo en absoluto. Es una de las dos esperas más típicas del mercado español, y aparece en casi todos los proyectos de instalación que necesitan un proyecto técnico visado o firmado por un técnico competente.
La especificación del tercero, esperando 22 días. El caso más incómodo, porque ese tercero no tiene ninguna relación contractual con usted: no le paga nadie por atenderle y sus prioridades son las de sus propios proyectos. La palanca no está en su relación con él sino en el contrato que su cliente sí tiene con él, y esa zona gris se desarrolla en 3.1 Definir el alcance.
Los criterios de uso, con los representantes de los trabajadores, esperando 31 días. Es la espera más larga del tablero y la segunda gran espera típica del mercado español. Merece su propia sección, más abajo, porque tiene una particularidad legal que la hace distinta de todas las demás.
El alta de usuarios en el ERP, esperando 15 días. La espera aparentemente más pequeña y la que más veces se subestima: un trámite interno del cliente, de esos que «se hacen en cinco minutos» y que llevan tres semanas porque nadie tiene asignado hacerlos.
La cifra: 86 días
Sumadas, esas cuatro tarjetas acumulan 86 días de espera. Y aquí conviene ser preciso con lo que significa la cifra, porque se presta a dos malentendidos.
No significa que el proyecto lleve 86 días de retraso. Las esperas corren en paralelo, no en serie, y algunas de ellas pueden tener holgura de sobra. Lo que la cifra mide es cuánto tiempo de calendario ha consumido el proyecto sin que el equipo pudiera hacer absolutamente nada. Es una medida de la fricción del entorno, no del rendimiento del equipo, y por eso es tan valiosa: es la parte del retraso que no se arregla trabajando más.
Lo segundo, y más importante: ninguna de esas cuatro tarjetas ocupa un solo píxel en el diagrama de barras. Si la firma del proyecto técnico estaba estimada en dos días de trabajo, la barra mide dos días; que lleve dieciocho parada no la ensancha. Puede usted mirar el Gantt del proyecto todos los lunes durante un mes y no ver nunca ese número. Ahí está el retraso entero, y ahí no se está mirando.
Las tres reglas que convierten una pared de post-its en un instrumento
Un tablero mal montado es peor que no tener tablero, porque da sensación de control sin darlo. Las tres reglas siguientes son lo que separa una cosa de la otra, y las tres se pueden aplicar esta tarde.
Regla uno: una columna propia para «esperando a otro»
Es el cambio más barato de toda la página y el que más información produce. Separe la columna de trabajo en curso en dos: lo que alguien está haciendo ahora, y lo que está parado esperando a alguien de fuera del equipo.
El motivo es que las dos cosas juntas hacen que el tablero mienta. Una tarjeta que lleva tres semanas parada, colocada en la columna «en curso», parece trabajo en marcha; y un observador que mire el tablero verá seis cosas avanzando cuando en realidad hay dos avanzando y cuatro paradas. Es el mismo mecanismo del diagrama de barras con una sola barra: la información desfavorable desaparece dentro de una representación que se ve bien.
Hay además un efecto de responsabilidad que conviene aprovechar. Cuando una tarjeta se mueve a «esperando a otro», hay que escribir a quién espera y qué se ha pedido exactamente. Esa obligación fuerza a comprobar dos cosas incómodas: si la petición se llegó a hacer de verdad, y si estaba lo bastante clara como para que la otra parte pudiera contestarla. En una proporción sorprendente de casos, la respuesta a alguna de las dos es que no, y la espera se resuelve el mismo día en que se descubre.
Distinga también, dentro de esa columna, lo que espera a alguien de fuera de lo que espera a alguien de dentro. Una tarjeta parada esperando a un compañero del departamento de al lado es un problema que usted puede resolver esta semana; una parada esperando a la administración o a un tercero sin contrato es un problema de otra naturaleza, que se gestiona escalando y no insistiendo. Quién puede desbloquear cada cosa está desarrollado en 4.2 Gestionar a los interesados.
Regla dos: la fecha de entrada en cada tarjeta que espera
La columna de esperas sin fechas sirve para la mitad. Con fechas se convierte en una medida, y una medida es una cosa completamente distinta de una impresión.
El mecanismo es tan simple que se puede implantar sin ninguna herramienta: cuando una tarjeta entra en la columna de espera, se escribe el día. Nada más. Al cabo de una semana, cada tarjeta parada lleva encima el número de días que lleva parada, y ese número no admite discusión, no depende de quién lo cuente y no se puede recordar mal.
Merece la pena insistir en por qué esto importa tanto, porque el efecto es mayor de lo que parece. Sin la fecha, la conversación es de memoria — y la memoria siempre pierde contra quien tiene la firma. «Esto lleva mucho parado» es una queja: subjetiva, discutible y fácil de contestar con un «bueno, tampoco tanto». «Esto lleva veintidós días parado, lo pedimos el 3 de marzo y volvimos a pedirlo el 17» es un hecho, y un hecho cambia el tono de la reunión entera. Nadie discute con una fecha.
Añada, si puede, un segundo dato que cuesta lo mismo: cuántas veces se ha reclamado y cuándo. Dos líneas en la tarjeta. Es lo que convierte una espera en un expediente, y llegado el caso —una reclamación de sobrecoste, una discusión sobre de quién es el retraso— es la única documentación que va a existir.
Regla tres: un límite de trabajo en curso
Y esta es la regla que es todo el método. Las otras dos hacen visible lo que pasa; ésta cambia lo que pasa.
Un límite de trabajo en curso es un número escrito en la cabecera de la columna: como máximo cinco tarjetas a la vez, por ejemplo. Cuando hay cinco y alguien quiere empezar una sexta, no puede. Tiene que terminar algo antes de empezar. Eso es literalmente toda la regla, y su efecto sobre un equipo es mayor que el de cualquier otra cosa de este capítulo.
Conviene entender por qué funciona, porque dicho así suena a burocracia y es exactamente lo contrario. Cuando no hay límite, la reacción natural del equipo ante un obstáculo es empezar otra cosa. Es una reacción sensata en apariencia —hay que aprovechar el tiempo— y devastadora en el conjunto: al cabo de dos meses hay catorce cosas empezadas, ninguna terminada, y el proyecto no ha entregado nada aunque todo el mundo haya trabajado sin parar. Nada de eso se factura, porque lo que se factura son cosas terminadas y aceptadas.
El límite obliga a que el obstáculo se afronte en lugar de esquivarse. Cuando no se puede empezar nada más, la única salida es desbloquear lo que está bloqueado — y desbloquear significa llamar a quien tiene la firma, escalar, o decidir formalmente que eso se queda parado y por qué. Las tres son mejores que empezar una cosa nueva.
Qué número poner. Una regla práctica que funciona en equipos pequeños: el número de personas que trabajan en el proyecto, o algo menos. Con cuatro personas, un límite de cuatro o cinco. Es preferible empezar con un número algo generoso y bajarlo que empezar demasiado estricto y que el equipo lo ignore a la segunda semana. Y una advertencia: el límite se aplica a «en curso», no a «esperando a otro». Una tarjeta parada por culpa de un tercero no debe consumir cupo, porque castigaría al equipo por algo que no ha hecho.
Añada una regla de conducta que hace visible el efecto: cuando el tablero está en el límite, la reunión diaria empieza por la derecha — por lo que está más cerca de terminarse, no por lo nuevo. Es una costumbre de treinta segundos que reorienta al equipo hacia cerrar en lugar de hacia abrir.
Las dos esperas típicas del mercado español
De las cuatro tarjetas paradas del ejemplo, dos son genéricas y aparecerían en cualquier país. Las otras dos son características de un proyecto industrial o de implantación en España, y conviene conocerlas con detalle porque se planifican mal casi siempre.
La firma del proyecto técnico
Muchos proyectos de instalación, de modificación de una línea o de obra requieren un proyecto técnico firmado por un técnico competente antes de poder ejecutarse o legalizarse. La estructura documental de ese proyecto está normalizada —memoria, anexos, planos, pliego de condiciones y presupuesto, según la norma UNE 157001— pero eso no dice nada de cuánto tarda en firmarse, que es lo que a usted le afecta.
El error de planificación es tratarlo como una tarea del equipo, con una duración estimada de tres o cuatro días, cuando en realidad es una espera con dueño externo: depende de la agenda de un técnico o de una ingeniería, y a veces de un colegio profesional. Póngalo en el plan como una tarea con responsable fuera del equipo y con fecha comprometida, pídalo semanas antes de necesitarlo, y trátelo como hito si algo depende de él.
El trámite con los representantes de los trabajadores
La segunda espera típica es la que más veces se descubre tarde y la única de las cuatro cuya omisión no sólo retrasa: puede dejar sin efecto el resultado. Conviene decirla con precisión, porque circula una versión equivocada muy extendida.
Si el proyecto implanta un sistema que cambia cómo se organiza o cómo se controla el trabajo, el comité de empresa tiene derecho a emitir un informe previo, con carácter previo a la ejecución de la decisión. El plazo es de quince días, y su redacción tiene una consecuencia de calendario que hay que aprovechar: «Los informes que deba emitir el comité de empresa tendrán que elaborarse en el plazo máximo de quince días desde que hayan sido solicitados y remitidas las informaciones correspondientes.» Las dos condiciones, no una: el reloj no arranca hasta que usted entrega la información completa. Un paquete incompleto no gana tiempo, lo pierde.
Y lo que hay que fijar sin ambigüedad: ese informe es preceptivo pero no vinculante. Hay que pedirlo, y su contenido no obliga. Si es desfavorable, la empresa puede ejecutar la decisión igualmente; si no llega, también. El comité no aprueba ni autoriza nada, y la creencia contraria produce proyectos parados durante semanas esperando un permiso que nadie tiene que dar.
La tarjeta de 31 días del ejemplo es la otra cosa, la que sí condiciona la validez: la elaboración de los criterios de uso de los dispositivos digitales, en la que deben participar los representantes de los trabajadores. Ahí no hay plazo —no hay quince días que transcurran a favor de la empresa— y la elaboración unilateral es nula según la sentencia del Tribunal Supremo 225/2024, incluida la modificación de criterios que ya existían. Por eso esa tarjeta es la que más tiempo lleva parada del tablero, y por eso es la que hay que empezar antes: es la única de las cuatro cuya omisión no le retrasa el proyecto, sino que le deja sin resultado utilizable. Las dos figuras se separan en detalle en 4.2 Gestionar a los interesados y sus consecuencias para la elección de herramienta en 5.5 Herramientas de gestión de tareas.
Para el tablero, la consecuencia es sencilla y muy práctica: estas dos tarjetas se crean en la semana uno del proyecto, no en la semana previa a la puesta en marcha. Las dos tienen dueño fuera del equipo, las dos consumen calendario y una de las dos no tiene plazo que la acote. Descubrirlas en la semana veinte cuesta un mes; ponerlas en el tablero en la semana uno no cuesta nada, porque corren en paralelo con el trabajo técnico.
Qué hacer con la cifra
Llegamos a lo único que cambia algo. Tener 86 días medidos y no hacer nada con ellos es exactamente igual de útil que no tenerlos.
La regla es de forma, no de fondo, y es el corazón de esta página: lleve la cifra a la reunión como una medida, no como una queja. Las dos frases contienen la misma información y producen efectos opuestos.
Una queja suena así: «es que no nos contestan nunca, así no hay manera de avanzar». Sitúa el problema en el terreno de las relaciones y de las actitudes, invita a que la otra parte se defienda —«nosotros contestamos, es que vosotros pedís las cosas mal»— y deja al jefe de proyecto en el papel de quien se está justificando. No produce ninguna decisión, y además desgasta.
Una medida suena así: «hay cuatro asuntos parados esperando decisiones de fuera del equipo; suman ochenta y seis días de calendario. El más antiguo lleva treinta y uno. Éstos son, y esto es lo que hace falta de cada uno.» Es un dato de estado del proyecto, del mismo tipo que un importe o una fecha. Nadie se defiende de un dato, y sobre todo: cambia por completo de quién es el problema. Deja de ser un problema del equipo que no llega y pasa a ser un problema de la organización que no decide, que es lo que en realidad es.
Tres detalles de ejecución que hacen que funcione. Uno: preséntela siempre, no sólo cuando vaya mal. Una cifra que aparece únicamente el mes que hay bronca es percibida como un arma; una que aparece las doce semanas seguidas es percibida como un indicador. Dos: acompañe cada línea de una petición concreta con destinatario y fecha, no de un lamento — quién tiene que hacer qué y para cuándo. Tres: no la use para señalar personas. La cifra es del proyecto, no de nadie; en cuanto se convierte en un reproche personal, la siguiente vez la información deja de llegarle.
Y una consecuencia de más largo alcance que conviene tener presente: si esas esperas acaban afectando a la fecha de entrega, el registro de fechas de la columna de esperas es la prueba documental de que el retraso no fue de ejecución. En una discusión posterior sobre plazos, penalizaciones o sobrecostes, un tablero con fechas de entrada y reclamaciones anotadas vale mucho más que la mejor memoria del mejor jefe de proyecto. La mecánica de comunicarlo con la periodicidad y el destinatario adecuados está en 4.3 Plan de comunicación.
Cuatro formas de estropear un tablero
Por último, un contraste breve con los cuatro fallos que más se repiten, porque todos tienen arreglo en una tarde.
Un tablero que sólo actualiza el jefe de proyecto. Deja de reflejar la realidad en dos semanas y se convierte en una segunda contabilidad. El tablero tiene que ser el sitio donde el equipo trabaja, no el sitio donde el jefe de proyecto informa.
Demasiadas columnas. Con nueve columnas, mover una tarjeta se convierte en una decisión y la gente deja de moverlas. Cuatro o cinco son suficientes para casi todo: por hacer, en curso, esperando a otro, en revisión y aceptado.
Tarjetas enormes. Una tarjeta que dice «implantación del ERP» no se mueve nunca, y una columna en la que nada se mueve no informa de nada. Si una tarjeta lleva más de dos semanas en la misma columna sin estar esperando a nadie, casi siempre no es un problema de ritmo: es que la tarjeta es demasiado grande y hay que partirla.
Una columna final que significa «lo hemos terminado nosotros». Si la última columna no exige la aceptación de quien tiene que aceptar, el trabajo vuelve, y vuelve justo cuando el equipo ya está en otra cosa. Que la última columna sea «aceptado» y no «hecho» es un cambio de una palabra con un efecto grande.
Cómo se ve esto en AB
Cinco cosas concretas, y ninguna necesita más que una tarde.
Lo primero: cree un estado «esperando a otro» distinto de «en curso», y úselo sin excepciones. Es el cambio que hace posible todo lo demás de esta página, y a partir del día siguiente ya empieza a producir datos.
Lo segundo: en cada tarea que entre en ese estado, registre la fecha de entrada, a quién espera y qué se pidió. Tres campos, quince segundos. Es lo que convierte la columna en una medida y, llegado el caso, en un expediente.
Lo tercero: mantenga una vista filtrada por «esperando a otro», ordenada por antigüedad, y ábrala en cada reunión de seguimiento. Es la lista de la que sale la cifra, y verla ordenada de más antiguo a más reciente enfoca la conversación sola.
Lo cuarto: fije un límite de trabajo en curso y acuerde con el equipo qué se hace cuando se alcanza. El acuerdo importa más que el número: si nadie sabe qué pasa al llegar al límite, el límite no existe.
Y lo quinto: cree en la semana uno las tareas de los trámites externos —la firma del proyecto técnico, la elaboración de los criterios de uso con los representantes, el alta de usuarios— con responsable fuera del equipo y con fecha. Aparecen en el informe que lee el cliente, y ése es todo el mecanismo.
Términos de esta página
- Tablero Kanban
- Columnas por las que pasan las tarjetas. Fotografía del presente, no predicción. Ampliar
- Límite de trabajo en curso
- Cuántas tarjetas caben a la vez. Si caben cinco, la sexta obliga a terminar algo. Ampliar
- Diagrama de Gantt
- Dice cuándo debería estar hecho. No ve las esperas: no ocupan ancho. Ampliar
- Definición de terminado
- Qué se entrega, quién lo mira y qué se firma. La última columna es «aceptado». Ampliar
- Incidencia
- Un punto abierto que ya afecta al proyecto. Un trámite parado también lo es. Ampliar
- Escalado
- El camino acordado por el que sube un asunto parado. Se pacta antes de necesitarlo. Ampliar
- Comité de empresa
- Emite informe previo, preceptivo y no vinculante. No aprueba ni autoriza. Ampliar
- Informe previo
- Quince días desde la solicitud con la información completa. El reloj lo arranca usted. Ampliar
- Proyecto técnico
- El documento firmado por técnico competente. Es una espera, no una tarea del equipo. Ampliar
- UNE 157001
- Normaliza la estructura documental de un proyecto técnico. No es un método de gestión. Ampliar
- Hito
- Un punto del plan con fecha y consecuencia. Una firma externa suele ser uno. Ampliar
- Lista de trabajo pendiente
- De dónde salen las tarjetas de la primera columna. La página siguiente. Ampliar
Seguir leyendo
5.3 Lista de trabajo pendiente
De dónde salen las tarjetas: una lista ordenada, no un cajón, y quién es dueño del orden.
5.1 Diagrama de Gantt
La otra mitad de la foto: el orden, las dependencias y los tres puntos ciegos.
4.2 Gestionar a los interesados
Quién puede detener esto, y las dos filas con los representantes que se confunden siempre.